Tuvimos que pasar por varios pueblos para llegar al proyecto de los elefantes que en el post pasado mencioné. Uno de ellos fue Sen Monorom, en Mondulkiri, la provincia al Este de Camboya donde solía haber bosques pero hoy no hay más que montañas de un color café rojizo.
Hay muy pocas atracciones pero hay restaurantes sencillos que ofrecen buena comida y un excelente hotel llamado Nature Lodge. Tiene lindas cabañas con un ambiente muy relajado y agradable.
Aquí viven los Punong, una etnia nativa que basaba sus creencias en el espiritismo, animismo y adoración a sus ancestros; también son curanderos, algunos. A la gente no le interesa mucho asistir a la escuela pues el bosque es su mejor maestro.
La mala noticia es que la evangelización cristiana ha transformado poco a poco sus creencias hasta abandonar sus antiguas tradiciones. Lo lamentable de estos casos es que esto genera comunidades que en vez de ser humildes pero ricas en cultura, se transforman en pueblos simplemente pobres… y ya.
También pasamos por Kampong Cham… ¿Qué hay que hacer? No mucho, básicamente encontrar el mejor hotel posible (tarea difícil) y mirar el Mekong fluir mientras consigues respiras en el intenso calor.
Ya que cae la noche uno puede volver a la vida y salir por ahí a comer algo en el único restaurante hecho para turistas con música pop de los noventas y hamburguesas. Luego, volver a la cama.
Si rentas una moto puedes ir a visitar los alrededores donde hay atracciones como la montaña del hombre y la montaña de la mujer, que son dos cerros, uno frente al otro, divididos por un Buda bastante grande y con dos templos en sus cimas. Aunque el lugar suena (y seguramente es) un lugar especial y sagrado, hoy no parece muy cuidado salvo por los policías que cobran a los visitantes su entrada.
También hay poblados que tejen y es posible ir a conocerlos para ver cómo trabajan los textiles, mientras los niños se emocionan y salen de su cotidianeidad para gritar unos cuantos “hellos”.
Kratie, fue otro de esos pueblos a la orilla del Mekong que hace su fama por las visitas a los delfines irrawaddy. Son una especie de agua dulce, en peligro de extinción que puedes observar en plena libertad desde un bote.
Los hoteles y restaurantes… bueno, creo que no hay ni mención de ellos. Aunque a mucha gente parece encantarle este pueblecito, por alguna razón no fue nuestro caso.
Después continuamos a Stung Tren, un pueblo fronterizo con Laos y en el que muchos viajeros van y vienen cuando visitan las “4,000 islas” del país vecino. Con felicidad encontramos una habitación mucho más cómoda y nos llevamos una de las sorpresas más trascendentes del viaje: el mejor restaurante que probamos en todo el país.
El lugar se llama Le Tonlé y es un sitio de entrenamiento para que los jóvenes del pueblo sepan tratar al turismo. Consta de una hotel y un restaurante y aunque los chicos se tardan un poco en traer la comida (pues se nota que están aprendiendo) su dedicación en el servicio y en la calidad de la cocina es insuperable.
El Amok de pescado y los nuggets de cerdo con piña fueron de lo mejor que probamos y así, dejamos este país con una agradable sorpresa cuando menos la esperábamos.
Okúm Tram Camboya!!! (Gracias)