jueves, 18 de agosto de 2011

¡Quédate un día más!

Esta es la campaña que ha lanzado el gobierno, con ella intenta incentivar al turismo para quedarse más tiempo en el país ¿Has oído hablar de los templos de Angkor? Bueno, pues otros millones de personas como tú, también. Esto genera que la derrama económica sólo se concentre en los templos y su ciudad cercana, Siem Reap.

Camboya ha sufrido de muchas situaciones difíciles. Muy difíciles. Y ello la ha dejado devastada.

En 1975 el Khmer Rojo tomó el control del país. Camboya estaba bajo una dictadura militar que culminó este día con la entrada de la agrupación. El discurso era fundar una democracia (¿dónde he oído esa historietita?)

Bajo la apariencia de una República Popular con ideales maoístas se consolidó en la práctica un sistema de gobierno totalitario, radical y agrario. Se evacuaron ciudades y se destruyeron las culturas urbanas –consideradas burguesas-. Se pretendió reconstruir desde los orígenes y recuperar la cultura Khmer ancestral.

El pequeñísimo problema es que esta “limpia” terminó con la vida de unas dos millones de personas (cifra “oficial”) reduciendo a la población considerablemente. Cualquiera con nexos en el extranjero, moría. Cualquiera que supiera algo más de lo que debía saber un campesino, moría. Cualquiera que leyera o escribiera, moría.

Hubo campos de concentración, cárceles. Los que no murieron ejecutados o torturados, murieron de hambre. El Khmer Rojo mató además a elefantes, delfines, árboles. Bueno, devastó hasta templos antiguos. Sembró minas en las tierras fronterizas para evitar que la gente se escapara a los países vecinos (muchas de ellas siguen hoy bajo tierra)

Los que lograron huir vivieron en campos de refugiados (con todo lo que eso significa) ¿Y la monarquía? ¡Ah! Ellos vivían tranquilos en su mansión de Europa.

El supuesto ideal terminó en pesadilla. En 1979, los vietnamitas entraron a Camboya y derrotaron al Khmer Rojo. Hoy, las cárceles y campos son atractivos turísticos.

Sólo duró cuatro años, pero duele hasta el día de hoy, treinta años después. “no ha terminado”, nos dijo Robert al tocar el tema.

Entre la devastación de gente, cultura, industria, flora y fauna, Camboya se vuelve el hogar de gente hermosa, inocente, esperanzada y ya sin miedo. Pero un destino sin mucho que ofrecer (excepto, claro, los maravillosos Templos de Angkor)

Países como China han aprovechado la extrema necesidad de esta nación y de manera legal (o no) extraen de Camboya toneladas y toneladas de madera. Cuando lees en los periódicos que un número equis de hectáreas se pierde anualmente a causa de la tala inmoderada jamás te imaginas cómo se ve. Camboya te lo deja ver.

Por eso el gobierno de hoy hace tanto hincapié en que te quedes un poco más. Nosotros lo hicimos, quisimos descubrir a esta gente, su cultura, su vida y no hallamos mucho.

Queda poco, al menos, así nos tocó a nosotros. Pero siempre hay un lugar escondido y mágico que vale todo el polvoriento camino por recorrer.

http://www.stayanotherdaycambodia.com/

Las tardes húmedas son de color naranja


El agua lo envuelve todo, se escurre por los pisos de los jardines y pinta sobre ellos el destello del cielo algodonado. Los templos y palacios se buscan también entre los reflejos.

El ambiente se siente vaporoso. La humedad sube por el cuerpo y se pega al espíritu. El aire es igualmente de agua, de agua dulce.

Al caer el día, los colores gotean entre el cielo y las nubes. Los últimos rayos se abrazan de los monjes y sus túnicas. El tiempo se despide de este lado del mundo.

Allá se ven; caminan despacio, juntos, envueltos en su piel color de Sol. Se les mira entre el verde mojado de un jardín, un grupo de niños que corre y los jóvenes que bailan al ritmo de sonidos electrónicos (son sus ejercicios cotidianos, dicen)

La noche se apropia de Phnom Penh. La capital de un país que recién se levanta de un pasado doloroso y destructivo. La gran sobreviviente del inmenso dolor que sólo podemos crear nosotros, los seres humanos.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Especias y especies especiales

Copiaré la manera en como mis amigos Lindsey y Teo (dos neoyorquinos aficionados a la comida) se refirieron a la pimienta: “los americanos la vemos ahí, aburrida y abandonada, sentada junto al salero de nuestras mesas” ¿Y cómo refutar tan absoluta y precisa aseveración?

Hace algunos siglos, cuando las especias realmente venían desde el oriente y los navíos cruzaban las aguas para buscarlas, un grano de pimienta podía pagar un día de hospedaje en algún cuarto londinense. Las plantas han movido al mundo, a la gente, a las civilizaciones (aquí yo agregaría: ¡ahaaaaaaaaaá!)

Hoy, por supuesto, nuestra desconexión con la importancia de las especias es casi total. Muchas veces nuestra conexión con ellas mismas es mínima -o nula-. No pasa de ir al Walmart a comprar un frasco plástico de pimienta molida McCormick o si te fue bien, tener tus granos secos y el molinito para triturarlos en tu plato.

En Camboya, específicamente en Kampot, existe una especie de pimienta tan diferente que tiene denominación de origen. Se cultiva en esta región al sur del país, cerca de la costa. Por años se ha exportado y se ha servido en las mesas más exquisitas; los camboyanos la valoran y aprecian como un tesoro.

La forma más deliciosa y especial para comerla es fresca. Los granos aún verdes se fríen ligeramente junto a la carne y vegetales; se sirven aún tiernos, sin cocerlos en exceso. El sabor es una explosión picante –pero no tanto- y totalmente nueva.

Llegamos a casa de Robert, un Australiano casado con una Khmer (gentilicio de los nacidos en Camboya; así le llaman también a su raza, a su imperio y a su idioma)

El ritual del casamiento es mucho más elaborado que el típico blanco por la iglesia que tanto conocemos en Occidente. Además de ir MUY ataviados y con vestimentas MUY coloridas, el novio acostumbra a pedirle permiso a los padres frente a la concurrencia y llevar ofrendas para halagarlos (por cierto, en las fotos la mamá de ella no se veía nada halagada)

Entre los novios y los padres sostienen los anillos para simbolizar la alianza de las familias y celebran durante tres días. Los velorios, en cambio, duran siete días.

La sociedad Khmer es muy conservadora y como casi en todas partes de Asia (quizás con la excepción de Tailandia) las mujeres visten modestamente. Cubren casi todo su cuerpo, los hombros son especialmente un tabú, así como los pies. Los besos en público, tocar a un monje (sobre todo si eres mujer), tocarle la cabeza a alguien, usar la mano izquierda y apuntar a alguien con los pies son un rotundo NO.

Aquí la influencia china es menor. Los Khmer no son tan parecidos a los vecinos de la raza amarilla, su piel es más oscura –aunque a muchos no les guste la idea- y no usan palitos para comer.

Camboya recuerda a esos lugares que tenemos mucho en México. Donde hay una pobreza absoluta, de esa que duele en el alma y de pronto, frente a una zona marginada, se levanta una boutique Prada o la mansión de un millonario europeo (que sólo podría costear ese nivel de vida en un país como éste, claro) Ni qué agregar…

lunes, 8 de agosto de 2011

Ya en Camboya

Entramos a Camboya. De Ho Chi Minh a Phnom Penh es muy sencillo y barato. La mayor recomendación es entrar por el delta del Mekong y navegarlo hasta Phnom Phen pero… nosotros no lo hicimos.

La primera regla que aprendimos en este pequeño trayecto es no hacer tanto caso a las habladurías de los viajeros. Siempre hay muchas versiones de los cruces, los buses, las fronteras y aquí, a nosotros nos estafaron con 20 dólares por entrar vía Phnom Phen y no atrevernos a ir por el Mekong (simplemente hay que cruzar la frontera y estampar el pasaporte a la llegada)

Hoy, ya hay e-visa para mexicanos (el trámite pagado y hecho previamente por Internet) ¡Justo lo sacaron unos meses después de que cruzamos nosotros! En fin… Mi recomendación es, si no la tramitaste por Internet antes, cruza tranquilamente sin pagarle a nadie algún tipo de anticipación y listo. Cualquier guía te orienta bien con esto.

La segunda –gran- regla en el sureste asiático es no ser tan inocente e intentar hacer las cosas por uno mismo (sin “ayudas” con módicos cobros) Si quieres ir con más comodidad, decidir por este camino pero saber que pagarás un precio por ello.

Todo está en http://www.sre.gob.mx/