miércoles, 7 de marzo de 2012

Antes de seguir

Tuvimos que pasar por varios pueblos para llegar al proyecto de los elefantes que en el post pasado mencioné. Uno de ellos fue Sen Monorom, en Mondulkiri, la provincia al Este de Camboya donde solía haber bosques pero hoy no hay más que montañas de un color café rojizo.

Hay muy pocas atracciones pero hay restaurantes sencillos que ofrecen buena comida y un excelente hotel llamado Nature Lodge. Tiene lindas cabañas con un ambiente muy relajado y agradable.

Aquí viven los Punong, una etnia nativa que basaba sus creencias en el espiritismo, animismo y adoración a sus ancestros; también son curanderos, algunos. A la gente no le interesa mucho asistir a la escuela pues el bosque es su mejor maestro.

La mala noticia es que la evangelización cristiana ha transformado poco a poco sus creencias hasta abandonar sus antiguas tradiciones. Lo lamentable de estos casos es que esto genera comunidades que en vez de ser humildes pero ricas en cultura, se transforman en pueblos simplemente pobres… y ya.

También pasamos por Kampong Cham… ¿Qué hay que hacer? No mucho, básicamente encontrar el mejor hotel posible (tarea difícil) y mirar el Mekong fluir mientras consigues respiras en el intenso calor.

Ya que cae la noche uno puede volver a la vida y salir por ahí a comer algo en el único restaurante hecho para turistas con música pop de los noventas y hamburguesas. Luego, volver a la cama.

Si rentas una moto puedes ir a visitar los alrededores donde hay atracciones como la montaña del hombre y la montaña de la mujer, que son dos cerros, uno frente al otro, divididos por un Buda bastante grande y con dos templos en sus cimas. Aunque el lugar suena (y seguramente es) un lugar especial y sagrado, hoy no parece muy cuidado salvo por los policías que cobran a los visitantes su entrada.

También hay poblados que tejen y es posible ir a conocerlos para ver cómo trabajan los textiles, mientras los niños se emocionan y salen de su cotidianeidad para gritar unos cuantos “hellos”.

Kratie, fue otro de esos pueblos a la orilla del Mekong que hace su fama por las visitas a los delfines irrawaddy. Son una especie de agua dulce, en peligro de extinción que puedes observar en plena libertad desde un bote.

Los hoteles y restaurantes… bueno, creo que no hay ni mención de ellos. Aunque a mucha gente parece encantarle este pueblecito, por alguna razón no fue nuestro caso.

Después continuamos a Stung Tren, un pueblo fronterizo con Laos y en el que muchos viajeros van y vienen cuando visitan las “4,000 islas” del país vecino. Con felicidad encontramos una habitación mucho más cómoda y nos llevamos una de las sorpresas más trascendentes del viaje: el mejor restaurante que probamos en todo el país.

El lugar se llama Le Tonlé y es un sitio de entrenamiento para que los jóvenes del pueblo sepan tratar al turismo. Consta de una hotel y un restaurante y aunque los chicos se tardan un poco en traer la comida (pues se nota que están aprendiendo) su dedicación en el servicio y en la calidad de la cocina es insuperable.

El Amok de pescado y los nuggets de cerdo con piña fueron de lo mejor que probamos y así, dejamos este país con una agradable sorpresa cuando menos la esperábamos.

Okúm Tram Camboya!!! (Gracias)

viernes, 10 de febrero de 2012

Dumbos que no vuelan

Ellos no vuelan como lo hacía su primo inventado por Don Walt –aunque quizás quisieran y con toda razón, después de sufrir el trato que les ha dado una especie que camina en dos patas y se dice sumamente inteligente y consciente- pero andan a gigantes pasos entre las selvas del Sureste Asiático.

Hace tiempo vivían tranquilos en su hábitat y convivían libremente entre ellos. El hombre los fue sobre explotando, primero como bestias de carga, luego como trofeos de cacería, más tarde como materia prima en joyería y objetos y hoy, como atractivos turísticos (sin contar a los chinos quienes también los usan de alimento)

Los elefantes han pasado de transportar madera o materiales de construcción a cargar con felices visitantes que piensan sólo en su hermoso momento durante las vacaciones y no usan su consciencia para reflexionar sobre la vida y el trato reciben a cambio.

Así, el gran gigante de Asia está -también- en vías de extinguirse.

Pero entonces viene la duda: ¿Cómo no ver, visitar, sucumbir ante la infinita belleza de estos hermosos animales? ¿Cómo no regalarme un paseo sobre uno de ellos? ¿Cómo no disfrutar su sabia mirada llena de paz? ¿Qué tan pesado puedo ser para él?

En realidad no lo somos. El problema no radica en que se cansen con nuestro peso, sino que, como tú, hay otros cientos diariamente y esto implica más y más dinero para los mahouts (sus “amos”) Por eso a los mahouts no les gusta que descansen, pues esto supone perder ingresos. Es esta práctica injusta lo que los enferma y finalmente, los mata.

Como un plan alternativo para rehabilitarlos, obtener recursos y permitir que el turismos disfrute de ellos se creó la Organización No Gubernamental “The Elephant Valley Project” que renta los elefantes a sus mahouts para que pasen uno (o más) días caminando, alimentándose y viviendo como lo hacían antes, entre la jungla.

La gente puede ir a visitarlos y caminar con ellos, verlos bañarse o alimentarse. También puede realizar donaciones o participar como voluntario en las instalaciones del valle. De esta forma nosotros podemos seguir viéndolos y ellos descansan y regresan a su entorno original.

¡Visítalos!

http://www.elephantvalleyproject.org/

Cosas buenas para escribir en un librito

· De preferencia organiza tu viaje de tal forma que visites los templos mínimo tres días (en uno no alcanzas a ver lo más importante) Y si eres muy clavado, compra el boleto de una semana (aunque dudo que puedas ver absolutamente todo, pues hay templos que son muy lejanos e inaccesibles)

· Prepárate mental y anímicamente. Observa muy bien tus emociones y sobre todo, tu sentimiento de culpa. Es MUY fuerte ver que en Angkor hay un sin fin de camboyanos sumamente necesitados que hacen lo que sea -literal- y te venden lo que sea –también, literal- con tal de comer algo. Es una situación difícil, quieres ayudar pero no terminas de ayudarlos a todos.

· Sí, intenta ayudar a los más que puedas y como puedas pero hazlo con conciencia. MUCHO CUIDADO: Para mi, es importante que verifiques lugares donde sí ayuden a la gente o compres directamente con artesanos o con la gente “real”. Hay muchas instituciones y ONGs que aprovechan las buenas intenciones del turismo para lucrar con los lugareños y enriquecerse.

· Guíate con: http://www.stayanotherdaycambodia.com/

· (Sobra decirlo, según yo, pero…) NO apoyes ningún tipo de prostitución, mucho menos la infantil. Denuncia lo que veas.

· Visitar Siem Reap y los templos es en verdad lo más hermoso de Camboya. Pero ir sólo a eso no ayuda mucho al país, fomenta que la riqueza sólo se concentre en esta zona y que más gente emigre al área. Intenta darle más días a este lindo país lleno de gente aún más bella y así les ayudarás directamente.

· Visita las playas e islas, los lugares más naturales son todavía hermosos.

· Puedes hacer los circuitos “chico” y “grande” dentro de los templos, en bicicleta (si es que te gusta el ejercicio)

· Aunque Angkor Wat al amanecer es más turístico que Disney, el gentío y la desmañanada valen totalmente la pena.

· Acude al Bayón al atardecer, el juego de sombras y luces sobre los rostros gigantes es sublime.

· Ta Prohm y Bantey Srey son templos que no debes perderte (el segundo está a 37kms, así que necesitarás un Tuk-Tuk para llegar)

· Evita los recorridos sobre elefantes, esto fomenta el uso de estos hermosos animales de forma indebida.

· No toques ni te recargues sobre los grabados, conserva los que quedan.

· Y por supuesto… ¡llévate tu basura!


OJO: ¡No te olvides de llevar y leer tu librito!

Apuntes angkorianos

Quizás lo más maravilloso de Angkor es que cada día te encuentras con una sorpresa nueva. No tiene nada que ver con lo que conoces en términos mexicanos. Aquí, se fue construyendo una inmensa ciudad al paso del los años y de los reyes que fueron heredando (o usurpando) el trono.

Aquí no encontrarás una única ciudad con determinados fines, por ejemplo, un adoratorio, un panteón o un lugar de esparcimiento. Aquí hay edificios que fungían como crematorios, como tumbas, como fortaleces, como palacios… Todo lo que requería una gran civilización. Todo estaba aquí, en la misma gran capital de este Imperio.

Cada monarca construyó según sus necesidades y sus creencias. Por ello, algunos templos son budistas y otros hinduistas. Hubo quienes hicieron mansiones, otros, erigieron murallas para protegerse de los enemigos (principalmente de los siameses, que hoy llamamos tailandeses) Así Angkor se puede recorrer mientras caminas a través del tiempo y de la historia de quienes lo levantaron.

Aún cuando cada Rey/Dios construía según su propia fe, la religión de los antecesores se mantenía plasmada en otros templos. Es por eso que hoy se nota un sincretismo entre hinduismo y budismo en muchas de las construcciones.

Algunos de los elementos grabados sobre las piedras (interesantes para apreciar) son:

· Fuego, generalmente aparece en las entradas de las puertas y simboliza una purificación al peregrino que visita el templo.

· Flores de loto, representan la pureza.

· Budas

· Apsaras, bailarinas de los Dioses-Reyes (los monarcas eran considerados mitad humanos, mitad Dioses)

· Nagas, serpientes de cinco cabezas, construyen puentes de arcoíris hacia los Dioses.

· Garuda, águila y serpiente; seres alados que portan una espada.

Muchos de estos relieves han sido ya arrancados de sus lugares originales a causa del tráfico de arte (auspiciado en un inicio por Europa, en especial por los franceses quienes conquistaron estas tierras y ayudados por Tailandia, por donde eran sacadas estas piezas) Estos grabados nos muestran la vida cotidiana del pueblo, las guerras, el trabajo en el campo, elefantes, mujeres… vida y muerte.

Angkor es considerado el complejo religioso más grande del mundo y se extiende por kilómetros y kilómetros a la redonda, fue construido por las órdenes de varios dirigentes y el trabajo arduo de miles de esclavos y elefantes.

Al verlos, no pude más que recordar cuán humanos somos todos (incluidos esos supuestos reyes no tan humanos) Sobre sus muros se plasma esa dualidad mundana y celestial; esa devoción a nuestros dioses y esa soberbia hacia nosotros mismos; el ego, el viejo amigo ego que construye lo imposible para demostrarse a sí mismo su grandeza y aquél otro lado humilde que alaba y busca halagar al Creador.

miércoles, 8 de febrero de 2012

La gran joya khmer: los templos de Angkor

Como mexicanos tenemos una expectativa alta, muy alta, en cuanto a templos y ruinas respecta. Entre esta comparación difícil de evitar y la insistencia desde meses atrás por parte de Eduardo en que llegáramos al famoso lugar, yo venía ya un poco atosigada con Angkor.

Así llegamos a Siem Reap, la ciudad cercana al conjunto de templos que representan el mayor ingreso económico de la Nación. Angkor es tan importante que su figura se dibuja en miles de lugares y promocionales, incluso es el nombre de cervezas y –todavía más fuerte- se plasma sobre la bandera camboyana.

Yo iba con mis serias dudas la primera mañana de visita (y para mis adentros esperaba mirar construcciones quizás bellas pero absolutamente lejanas a Teotihuacán o Palenque, por ejemplo) Así nos pusimos de acuerdo con un conductor de Tuk-Tuk (especie de bicitaxi motorizado) quien pasó por nosotros cuando aún era de noche y nos llevó hasta el templo insignia: Angkor Wat.

Compramos nuestros boletos por tres días (un día:$20usd; tres días:$40usd y una semana:$60usd) para estándares locales esto es carísimo pero muy pronto me daría cuenta cuán insignificante resulta el monto a pagar…

El hombre del Tuk-Tuk nos dejó a la entrada de lo que parecía algo como templo (aunque veíamos casi nada) Unas decenas de personas más caminaban hacia la misma dirección. Decidimos seguirlas. Para cuando llegamos al lugar donde -asumimos- tendríamos que esperar la salida del padre Sol, muchos más se encontraban amontonados ya.

Mientras la gente calibraba sus cámaras y buscaba el mejor ángulo, el cielo comenzó a clarear. Cada rayo asomado por detrás de las nubes dibujaba la sombra del santuario. Al llegar el momento de plena iluminación aquel gigante de piedra, silencioso y contemplativo, nos hizo enmudecer.

A partir de ese momento, el primer asombro se presentó…

Frente a nosotros estaba un testigo mudo, abandonado a los elementos, que nos recordaba quienes habían sido los antiguos khmer: Gente de profunda fe y gran ego; gente de sueños altos y alas para alcanzarlos; gente buena, gente soberbia, gente muy gente que en aras de coronar su imperio construyó a lo alto y se olvidó de la mesura. Gente que, finalmente, después de crecer desmedidamente, sucumbió junto a su reino y acató las leyes del Universo: extinguirse tras la sobreexplotación de su entorno.

Angkor nos recuerda lo grandes que podemos llegar a ser pero también nos enseña a no olvidar el respeto y, encima de todo, la humildad con todo aquello que nos rodea. Con nuestra Madre, la Tierra.

martes, 31 de enero de 2012

Quiero Navegar... sobre el Tonlé Sap

Este es un gran, inmenso lago dentro de Camboya. Es el más importante también y el río que lo nutre se une (como casi toda al agua de este pedacito de tierra) con el gran Mekong.

El Mekong desciende desde la cordillera del Himalaya, primero como nieve que envuelve las cimas de las abuelas montañas y luego como agüita que va convirtiéndose en cálida a medida que avanza hacia la mar. Pasa por China, Myanmar –Birmania-, Tailandia, Laos, Camboya y se abre en Vietnam, donde se funde con los océanos.

Así el Tonlé Sap da de beber y sostiene la vida en Camboya. Todos, de alguna u otra forma, encuentran el sustento aquí. Y sobre el Tonlé Sap navegamos hacia Angkor Wat, el conjunto de templos más importante de Camboya y del Sureste Asiático.

El recorrido duró unas cuatro horas, a bordo de un barco grande, de madera y lleno de turistas. Hacerlo nos costó uno 15 dólares por persona, lo cual es caro para los precios de la región, sin embargo, vivirlo lo amerita.

La vida de quienes se han establecido a sus alrededores o sobre él, es (aunque bendecida por el agua) dura. La pesca sólo arroja pequeños peces; los grandes, hace mucho que no nadan estas aguas. Sin importar cuánto sea, la gente igual lo agradece y lo usa. Aquí la vida da esto o nada y la gente valora lo poco.

Las aguas del río se han tornado oscuras, aunque ya en el lago se van aclarando y su inmensidad lo hace parecer el mar. Hay todavía algunas aves nativas que habitan los humedales como ciertas especies de garzas y al desembarcar, comienza a verse el monstruo turístico de este país: Siem Reap ¡Allá Vamos!