miércoles, 9 de noviembre de 2011

Viajar también... con los ojos abiertos

Hay días en los que los juicios hacia todo (hasta a mi, o más bien principalmente a mi) me dominan. En días como esos, donde el parlotear de la mente me vence y me amaga con el viejo inquilino miedo suelo volverme en extremo crítica, desconfiada. Y ahí es cuando se presentan ante mí ideas extremistas como esta: hacer turismo apesta.

Apesta porque te encuentras con pueblos que se han tragado entera la pastillita absurda de que deberían progresar hacia el primer mundo y por ello han dejado de lado sus tradiciones que hoy enfrentan la extinción. Apesta porque encarece los lugares, los vuelve un híbrido occidental con disfraces de starbucks y mcdonalds. Apesta también porque prostituye a la gente y la orilla a buscar empleos en este sector que no necesariamente resultan honrados o respetuosos (hacia sí mismos, claro)

Apesta porque muchas mujeres sufren al vender sus cuerpos; porque los travestis son tremendamente maltratados por aquellos visitantes que sienten que el tercer mundo es depósito de sus frustraciones y apesta porque en este juego agridulce los niños también terminan por enfrentarse al sexo, al trabajo y a la trata… de ellos mismos.

Apesta todavía más porque en este abuso humano embarramos también a la Madre Tierra y para hacer bellos bungalows destruimos los manglares; por visitar lugares remotos llevamos nuestra basura; por juzgar las tradiciones de otros terminamos por cambiar sus formas de vida con la visión parcial de que vendrá el “desarrollo a ayudarles”; por mantener prendido el aire acondicionado día y noche contribuimos al calentamiento global (y no se digan los aviones) y por el poco cuidado y amor con el que nos aproximamos a los arrecifes, al agua, a la comida terminamos por lastimarlos.

Así podría seguir, clavándome en lo negativo, pero es una práctica que procuro abandonar para abrir las ventanas de la luz. Además, ¿qué hacer si nos encanta viajar? Es más, apuesto que al hacerlo ni siquiera tenemos la intención explícita de lastimar algo. Solamente sucede que estamos dormidos.

No tengo una receta. Lo que sí se es que entre más conscientes seamos con cada uno de los pasos que damos, más compartiremos en el respeto y no en la imposición. De los temas delictivos como el abuso y tráfico a menores, mujeres, travestis y demás no puedo ni opinar. Pero en los detalles pequeños, que a su vez hacen inmensas diferencias y que son fáciles de realizar por todos, sí.

1- ¡Llévate tu basura! Si vas a una isla, montaña, desierto, no les introduzcas nada que no era originalmente de ahí.

2- (Esta es para mi) No te lleves las conchitas, arena ni nada que se le parezca. Además de ser mal Feng Shui asegún los chinos también te desmadras al ecosistema.

3- Los corales no fueron hechos para ser acariciados, tocados y menos pisoteados.

4- Deja de juzgar. No porque la gente viva distinto a como tu vives “necesita ayuda” o “es pobre” o “hay que traerle un shopping mall porque pobrecitos”

5- Respeta las tradiciones, festividades, costumbres. Ni al caso estar topless en la playa de un país musulmán, por ejemplo.

6- Minimiza tus consumos incluidas las botellas de agua o los cigarros.

7- El Shopping… pues ojala pueda ser directamente con la gente local para ser lo más justos posibles y beneficiar de verdad a las familias del lugar.

8- Insertar el dinero como “soborno” es pésima idea.

9- Abusar de quien sea, primero de ti mismo… creo que no (en esta hay que chambearle toditos)

10-Analiza los lugares donde te vas a quedar o las agencias que contratarás para hacer un tour (¿Benefician a la gente local en verdad? ¿O los usan como atractivos turísticos? ¿Qué tan responsables son con sus desechos, con la energía que gastan?)

11-Fíjate también en dónde construyeron el lugar (si tiene campo de golf, perdón a los que practican dicho deporte, ya de entrada no es muy amigable con el entorno y menos en zonas donde el agua escasea) y cómo se relacionan con el entorno

12-Si puedes caminar, usar bicicleta y viajar por tierra en vez de avión. ¡Mejor!

13-Evita visitar lugares que quizás suenen irresistibles y una experiencia única pero que con ello se deteriora el entorno.

14-“Montar” o “bañar” o “alimentar” animales que deberían estar libres (aunque también sea irresistible) perjudica a estas especies y obstaculiza su relación natural con el hábitat al que pertenecen.

15-Si vas a hacer voluntariado, fíjate bien en la institución. Algunos lugares usan la pobreza, las enfermedades o la orfandad de los niños para lucrar.

O sea, no es que estas sean LAS reglas que debes seguir o que yo sea la Giovannita del viaje, sólo creo que quiere compartirles lo que yo he visto y lo que a mi parecer, es importante ver. Siento que entre más presente estás en los sitios que visitas, más te das cuenta de qué la hace daño a los lugares y a su gente.

Entre más dejemos de estar ciegos y dejemos de pasar corriendo sin observar y sentir cada lugar que visitamos, más lo entenderemos y respetaremos. De lo contrario, probablemente le hagamos más daño al visitarlo que al quedarnos en casa.

Pues aún cuando el beneficio del turismo sea económico, no podemos quedarnos sólo con eso. Hay muchos otros sectores importantes que cuidar, sobre todo los que están vivos como la gente, la tierra y las tradiciones.

Con la intención de que a alguien le pueda interesar y la haga reflexionar. ¡Felices viajes! –de todo tipo-

Battam¡bang!

De Battambang me gustó desde el nombre. Sabe Dios qué signifique, pero me gusta cómo suena y sin tener razón aparente, simplemente entró a mi corazón ¿será por ese espíritu que tiene? ¿el mismo que se te cuela desde antes de poner los pies sobre su tierra?

Total que, aunque hay pocas cosas -no es que sea una ciudad pintoresca aunque tampoco es fea- tiene lo suficiente para acomodar varios días al que la visite: un restaurante súper rico y excelentes hoteles (después de vagar por otros tantos lugares del Sureste asiático, Battambang compite por uno de los mejores sitios de alojamiento)

Hay templos dentro y fuera de esta gran ciudad -la segunda más extensa después de la capital- donde puedes caminar y charlar con los monjes o simplemente sentarte a respirar el día a día de esta gente y sus tradiciones; hay algunas ruinas Khmer en los alrededores y algunas curiosas atracciones que no pretenden mucho y que, quizás por ello, son encantadoras por su belleza sencilla.

Una de estas es el tren de bambú. Es más bien un carrito (hecho, claro, del carrizo) que viaja por algunas vías de tren con su pequeño motor y te transporta entre aldeas, lagos y sembradíos de arroz. Pequeño, simple y hermoso.

A las afueras se abren paso los estanques de lotos y algunos campos de arroz. Se pintaban de un verde brillante, lleno de vida; un verde de esos que cosquillean en la pupila.

Esta región es conocida en todo el país por ser la productora de los mejores cocos, el mejor arroz y la gente más talentosa en las artes. Battambang es para relajarse, tomarte tu tiempo y descansar en una ciudad con olor a pueblo.