jueves, 16 de diciembre de 2010

Más palitos chinos

La comida maravillosa no podía faltar en Yangshuo. Antes de conocer China yo aseguraba que la comida era horrible. Una vez que probé la verdadera todo cambió.

Entre noodles deliciosos servidos para el pueblo ($6 m/n el plato) que tenían una zanahoria blanca y acidita, como en escabeche… hasta un sartén entero de pato con castañas acompañado de arroz blanco y té.

O un pescado (recién muerto) a la cerveza, caracoles de río con sabor a tierra húmeda, camarones súper crujientes que se comen completos y una maravillosa berenjena rellena de verduras y especias que, me disculparán los italianos, deja muy atrás a las famosa versión parmesana que ellos tienen.

La panadería del pueblo ofrecía un pan que puedo asegurar es el más delicioso que me he comido (después del pan de muerto y la rosca de reyes) Relleno de coco, de una suavidad total y una consistencia tan sutil que casi se deshacía en la boca. Tenía aceite de coco por todas partes y eso lo hacía muy resbalosito…. ¡Uf!

Y después de tanto placer a empacar de nuevo pues el camino hacia Viet Nam ya venía retrasado. Otras muchas horas nos esperaban en el camión hacia Nanning, ciudad de mucho tránsito por el cruce con el país al Sur, el mítico país de una selva imponente y poderosa.

Rodeados por Montañas

Entre jeroglíficos incomprensivos y las escuetas explicaciones de los chinos, nos encontramos sentados en la estación de Zhenshen (ciudad fronteriza entre Hong Kong y China). Un policía se acercó y preguntó algo. Luego, solo entendió nuestro destino: Guilin. El nos decía : “no train, bus” cuando intentábamos explicarle que queríamos partir en tren. Nos detuvo en ese lugar mientras repetía las mismas palabras, después llegó una señora por nosotros y nos dirigió a una agencia de autobuses que se encontraba escondida atrás de una tiendita de abarrotes. Ahí compramos el boleto de camión y no tren, como lo habíamos planeado.

Una variedad de historias sucedían a nuestro alrededor: un gato enjaulado aullaba desesperado, las vendedoras se preparaban unos noodles en plena oficina y el fulano que nos vendió el boleto comía un poco mientras fumaba más. En uno de sus descuidos al plato, ciertas cucarachillas merodeaban el manjar.

Llegó la hora acordada y otro hombre vino por nosotros. Salimos de la agencia unas 12 personas; caminamos y caminamos y caminamos. Ya afuera de la estación, nos subieron a una van (evidentemente no entendíamos nada y hasta comenzamos a tener paranoia) En el camino bajaron a unos cuantos en una fábrica y luego nos dejaron en la estación de camiones. Al subir al esperado autobús descubrimos que tenía camas en vez de asientos (camas tamaño chinito)

Subió y subió gente en las distintas paradas. En algunas de ellas oíamos gritar al chofer algo indescifrable y veíamos bajar a unos cuantos, suponíamos que se podía ir al baño. En una de esas bajé yo, la estación estaba en la penumbra y completamente sola. Busqué el baño y a mi paso una rata cruzó hacia otra sala. Descubrí la maravilla de los baños chinos: un hoyo en el piso (al que se le puede “jalar” y todo) Así que… aquí uno le hace “de aguilita”

Después del trayecto de 12 horas oímos de nuevo gritar al chofer y ver a todos bajar. Supusimos que ahí nos tocaba quedarnos también y lo corroboramos cuando el hombre nos grito más fuerte casi en la cara.

Cada paso dado era como si el inglés hubiera sido un sueño lejano, anclado en el pasado. Nuestra entrada a este continente fue de un oriente más light al clavado hacia la China de verdad (y eso que esta parte es muy turística)

Confundidos entre el frío y la lluvia, en un pueblo donde éramos bichos raros, una señora nos dijo un nombre familiar: Yangshuo. Finalmente llegaríamos a nuestro destino, el lugar donde graciosas e imponentes montañas se alzan hasta alturas asombrosas.

Así nos montamos de nuevo en otro camión y un rato más tarde, nos dejaron a la mitad de un pueblo un poco más turístico pero igualmente alejado de nuestro idioma, donde las montañas con sus formas extrañas abrazan los hogares de muchos. Hay miles de ellas.

Dicen que este es uno de los lugares más hermosos de la gran Nación y que de aquí se han basado muchos artistas para hacer sus pinturas y su poesía. Yangshuo es esa imagen de montañas picudas y pronunciadas que tenemos en mente cuando imaginamos un gracioso pueblecito Chino.

También están los campesinos de nuestra imaginación, con su sombrero de paja como cono y trabajando la tierra. Las terrazas de arroz ahora estaban secas pues la cosecha acaba de pasar y el frío ya se alcanza a sentir.

Siempre vi mujeres trabajando la tierra. Las observé sembrando, cosechando, apilando paja. Siempre cerca de nuestra Madre Tierra, tocándola con sus manos y sembrando vida en ella.

Se puede ir en una barquita de bambú sobre el río aunque es un recorrido muy turístico. La mejor opción fue rentar dos bicicletas y simplemente ir por tu cuenta. Usamos unos senderos que van paralelos al río y donde hay algunos poblados de campesinos.

Y ahí están, en su vida cotidiana. Secan el arroz sobre plataformas extensas de concreto, también lo trituran en unos molinitos de madera. Las mujeres venden artesanías y cada casita ya sea en un pueblo como este o uno más grande y urbanizado como Yangshuo tiene su propio pedacito de tierra donde siembran lechugas, coles y otras tantas hierbas que no conocemos en el otro lado del mundo.

Hacía frío y los campos se veían verdes, de un verde intenso que brilla. Es otra China, no la urbanizada, ni la industrial. Es la China verde y café, cubierta de plantas, de agua y de olor a tierra.

Paramos en un hostal de adobe para tomar un té de jazmín a las faldas de las montañas. El té era más bien de puras flores y ellas flotaban sobre el agua que hervía. Comenzó a caer la noche y así el frío abrumador nos atrapó. Regresamos a la casa de Qi, un chico chino que nos alojó con su familia.

lunes, 13 de diciembre de 2010

¡Está en Chino!

Si tuviera que transcribirles las palabras de estación que me he encontrado desde mi salida de Hong Kong sufriríamos la desesperación que se puede vivir cuando dos idiomas absolutamente opuestos se enfrentan.
Así nos sentimos desde el momento que dejamos atrás el "occidentalismo oriental" de Hong Kong y nos adentramos a la China rural. Se terminó el inglés y comenzó un grupo de caracteres que reflejan otro mundo, otro pensamiento, otro... todo. En nuestra mente es imposible entender sus símbolos y menos pronunciarlos.
Sin embargo, al ser este un idioma tan antiguo tiene rasgos que casi podría llamar rupestres. Por ejemplo: su construcción es muy "básica" (ja) casi siempre usan el verbo sin conjugación -Yo dormir-; si el verbo tiene un tiempo en el que ocurre, simplemente lo añaden después -Yo dormir mañana-. Tren es algo como "coche fuego" y computadora "cerebro máquina". Su alfabeto es más bien simbólico lo que significa que transmite ideas, es como un dibujito, como en las antiguas cuevas hacían nuestros antepasados: plasmaban con imágenes lo que querían comunicar.
Además es físicamente muy hermoso, no sólo para escribir hombre existe un carácter que asemeja la figura de un humano o el fuego la de una hoguera, sino que son signos que han sido estilizados al paso de los años.
Yo no tengo otro idioma que el que me fue dado en la esencia de mi ser (que no el de mi cultura) para entenderlos... Me basta con leer sus miradas curiosas, las arrugas de sus manos, el color de su piel o el sonido de sus emociones para dejar de verlos tan distintos y sentirlos tan iguales, tan cercanos, tan humanos.

Cesto de curiosidades

* En la mesa de los chinos es muy importante no hacer ruidos con la boca y no arrojar los palitos en la mesa de forma descuidada. Pero no se ve mal echar por ahí los huesos de tu pato o lo que sea que comas (por lo menos así lo hacen todos)
* Generalmente la carne que pides es tan fresca que cuando eliges lo que te comerás (aún vivo en una pecera o jaula) y luego te lo enseñan para que des el visto bueno... oyes después fuertes golpes dentro de la cocina.
* Normalmente el servicio es rapidísimo. Aunque después de servirte la comida y llevarte la cuenta por adelantado puede ser que abandonen (hasta que pagues, obvio)
* Se acostumbra que antes de comer te lleven agua hirviendo a la mesa y con ella enjuagues tus platos.
* Nunca claves tus palitos en el arroz y los dejes como "parados" pues se parece a los inciensos que prenden para los muertos y puede tomarse por un deseo tuyo de que el que esté frente a ti se vaya al otro mundo.
* Casi en todos los negocios o casas tienen un altar con este tipo de inciensos, para alimentar a sus ancestros muertos. También les ponen naranjas, a veces fuego y vino de arroz.
* Al arroz le llaman fan y es tan importante en su alimentación que en lugar de decir "vamos a comer", dicen algo parecido a "vamos a fan", es decir que arroz no sólo es sustantivo sino también el verbo equivalente a comer.
Un dato más sobre este alimento... A diferencia de México el arroz nunca se arroja en una celebración tipo boda, ellos lo hacen en su fiesta de muertos y es para alimentar a los espíritus.

Semillas de Amor

Después de descubrir un sinfín de platillos, de todos tipos, texturas, sabores, olores, colores (hay que evitar pensarle demasiado) y de muchas jarras de té de jazmín, llegó finalmente le hora del postre.

Uno de los postres más populares son los frijoles. Sí, frijoles rojos que son dulces. Un shock cultural para cualquier mexicano, pero son interesantes (aunque no deliciosos).
Lo que sabe mejor de esta historia, como siempre, es su trasfondo.
Le llaman algo parecido a "frijoles de boda" porque generalmente lo sirven en esta festividad, dentro de su mezcla vienen incluídas semillas de loto, que son maravillosas.
Tienen un sabor exótico, perfumado, nunca había probado algo así. Es maravilloso sentir sabores completamente nuevos, es como si te acariciaran un lugar que no sabías ni que existía... es casi adictivo.
Las semillas representan la fertilidad y por eso dan este plato en los matrimonios, para augurarle a la futura madre un hijo por año. Una petición imposible en la China continental pero finalmente un rezo por la vida, por consagrar las semillas y por preservar las tradiciones.
Por otra parte, antiguamente se regalaban collares de estos frijoles rojos para demostrarle el amor a la persona elegida.
Así, entre semillas se tejen estos relatos de amor... ¡Ahá!

Con sabor a arroz

Después de casi una semana de permanecer en Hong Kong empiezo a sentirme cansada de tanta gente y tantas compras. ¡Ah! el ajetreo de comprar y comprar no termina nunca y por unos tres días está bien, pero luego...
De cualquier forma disfruto mucho la compañía de gente nueva en el trayecto. He conocido a varios chicos originarios de aquí, de china, e incluso de otras partes del mundo y es realmente una dicha sentir que cuando compartes con alguien el sitio que visitas, tu perspectiva es otra y tu inserción a ese mundo es totalmente distinta. En lugar de ser un turista más que come cualquier cosa accesible, puedes ingresar a los submundos del alimento y por tanto de su cultura.
Así nos pasó cuando compartimos con Vivica y Dantes, dos chicos que nos alojaron en su casa por unos días y nos contaron algunas historias...

Del té por ejemplo. Generalmente hay una persona en la mesa que sirve a otros en sus vasos y es quien hace el refill una y otra vez. La historia relata que hubo una vez un rey muy viajero y en uno de sus muchos paseos decidió meterse con sus acompañantes a un restaurante común. Él mismo sirvió el té a estos hombres y ellos, a su vez, no pudieron hacer la reverencia adecuada para no evidenciar ante la gente que se trataba de tan importante personalidad, por ello lo hicieron golpeando dos veces con un dedo la mesa. Actualmente así se agradece a aquél que te sirve la tradicional bebida y lo haces con un dedo si eres soltero, con dos si eres casado o con todos si tienes familia.
Hay un platillo tradicional que se llama Hot Pot y consiste en un caldero hirviendo al centro de la mesa (los hay picantes, medios o naturales), tu echas dentro de su agua diferentes verduras, carnes o extrañas cosas que, una vez cocidas, son rescatadas de esta olla central para poderlas comer.
Sobra decir que la mesa termina echa un mugrero y puede ser difícil para aquellos obsesos con los alimentos el mezclar vísceras con pasta de soya pero es interesante compartir esta forma de comer que originalmente fue creada para el tiempo de frío.
La verdad es que he comido muy bien durante mi trayecto, el Hot Pot no fue mi comida preferida pero los noodles, domplings y demás cosas que me han tocado probar han sido deliciosas.
Algunas no he querido ni preguntar de donde proceden pues aquí todo es comestible o como lo explicara mejor una chica china: "En China se comen todo lo que vuela, menos los aviones y todo lo que se arrastra menos los bebés"
Por cierto, en Hong Kong hay un té lechoso con bolitas de tapioca cafés, originario de Taiwán que es una delicia y hay que probarlo!!!
Al igual que los panecillos comúnmente conocidos como old lady (señora vieja) que están rellenos de melón y semillas de loto... mmmmmmhhhhh!!!

Sobre el Polo Norte


Me encontré con un avión mucho más grande de los que yo había conocido. Tenía dos pisos y un sinfín de chinos con otros cuantos no chinos embarcados en él. Fue una noche larga pero tranquila. Debo confesar ser algo nerviosa con eso de volar, será una representación de los miedos que me abordan de vez en vez, quizás. Sin embargo dormí bastante y desperté pocas veces. Una de ellas fue justo sobre la nieve. Aunque el cielo estaba cubierto de nubes podía sentirse una gélida tierra bajo nosotros, la luna brillaba blanca y sonreía a nuestro paso.
Cuando aterrizamos en Beijing descubrimos un frío absoluto, estábamos a menos cero. El imponente aeropuerto permanecía cubierto por una bruma espesa y así fue también nuestro despegue.
Tomamos entonces nuestro último avión hacia Hong Kong que, a pesar de ya ser parte de China, aún es considerado un vuelo internacional por ser esta isla una "administración especial".
Al aterrizar, también una densa capa gris cubría la ciudad, hay rumores que aseguran que se trata de la contaminación que viene de las fábricas de China. Lo cierto es que miles y miles de contenedores apilados en las costas y transportados en gigantes barcos dejan ver muy claramente porque China es la fábrica del mundo y porque tantas etiquetas llevan impreso un "made in Hong Kong".

Hong Kong fue devuelto al gobierno chino en 1997 por parte del Reino Unido. Sin embargo, como en casi toda la raza humana, las diferencias se hacen palpables en muchos detalles. Existen hongkongeses que no hablan siquiera el mandarín (idioma oficial) sino cantonés y el cantonés, es un idioma hablado que no puede ser escrito en su totalidad (o sea que no existen caracteres para representar gráficamente esta forma de hablar). Algunos occidentales, por su parte, llevan años aquí y siguen sin hablar chino. La gente de Hong Kong se siente, como isleños que son, hongkongeses y no chinos y en muchas ocasiones miran con recelo a la tierra firme. De hecho, la bruma espesa que cubre Hong Kong así como la inseguridad en la frontera con China son defectos que le atribuyen a la China contiental.
El gobierno central, a su vez, ha puesto muchas trabas para el libre tránsito de su gente hacia Hong Kong al tratarse de una isla altamente influenciada por el capitalismo inglés e internacional.
Y sí, es un mundo muy capitalista. No miento cuando digo que hay centros comerciales y tiendas incluso bajo tierra y otros que parecen ciudades enteras. Todo se trata de shopping, tecnología, joyas, bolsas LV, piedras preciosas o Rolex. Es un trepidante mundo que se mueve al compás de las millones de luces que alumbran las calles y las compras. La gente transita las calles con maletas para llevar sus recién adquiridos artículos y en ocasiones es imposible caminar por la cantidad de personas.
Hay cientos de tiedas de belleza, las hay una tras otra. Las chicas se fascinan con la moda y con lucir hermosas.
No se... o en México estamos muy atrás en este tema o yo soy la que estoy fuera de onda o realmente el oriente nos lleva ventaja agigantada con la moda y la estética.
Y por cierto, para mis amigos amantes del blackberry, temo decirles que están fuera de onda pues aquí lo más in es iphone; hay incluso lista de espera para el nuevo modelito.
Así, en un mundo que pareciera muy lejano a nuestra mentalidad occidental, el deseo de poseer lindos bienes materiales o lucir hermoso es también el gran anhelo de la sociedad y la división entre razas igualmente separa y hiere a nuestros hermanos.

Lejos de México

Salí de mi país sintiendo un circo de emociones. Giraban cual carrousel. Las lágrimas subieron hasta mi cabeza, pero no salieron. Los ojos me ardían por contenerme.
Sentí mucho el dejar a mi gente. A toda mi gente.
Un rato después escuché el diálogo de una película que decía: "deja de extrañar y en vez de ello envía a esa gente que amas todo tu amor". Me pareció hermoso... y sano, así que decidí hacerlo.
Aterrizamos en Los Ángeles, no sin antes pagar el impuesto que inexorablemente te piden en esas tierras: el interrogatorio del cuerpo policíaco.
Desahogados ya de ese trámite, nos enfrentamos a una noche fría y airosa. A la mañana siguiente recorrimos la ciudad. Fue mi primera vez en esta parte de EU y debo decir que me pareció nada especial: mucho shopping (lo que mejor saben hacer los vecinos), miles y miles y miles de lindas opciones para gastar tu dinero -o el dinero que ganarás en un futuro-, la imagen clásica de LA, Hollywood, Beverly Hills y una vida cotidiana bastante limitada.
Digo esto último porque, según siento, el sueño americano se sustenta en una supuesta libertad que realmente es la posibilidad de comprar o tener casi todo lo (material) que sueñas. Sin embargo, en las cosas más sencillas como sentarte en el pasto de un parque, estacionar tu coche o salir a una fiesta, se siente un ambiente de casi prohibición. Todo en EU tiene una regla, una ley que lo permite o lo prohibe. Uno prácticamente no puede ser espontáneo o salirse de lo que se "puede" hacer, porque es contra la ley.
Entonces ese sueño de libertad... es como la droga que le ayuda a la gente para distraerse de ese control.
Felizmente salimos de ahí muy pronto y abordamos el avión hacia Beijing. Nos esperaban 13 horas hasta la capital China y luego otras tres hacia Hong Kong.