Saigón es una de las ciudades vietnamitas con más historia, no sólo historia oriental sino también del occidente. Aquí cantan su tragedia los amantes de Miss Saigón (obra basada en la ópera Madame Butterfly de G. Puccini) y aquí se libró la última batalla ganada por Vietnam del Norte en la guerra contra Estados Unidos.
Es en Saigón donde los museos guardan los tesoros de sus dinastías y la delicada porcelana que honra su tradición. Es en Saigón donde el actual (y extraño) comunismo alza la estatua del héroe nacional Ho Chi Minh frente a los escaparates de Prada, Cartier o Bvlgari.
Saigón es el mejor reflejo de este régimen imperante: después de haber sido la ciudad favorita de los norteamericanos ha sido reestructurada hasta en el nombre, reubicándola en la geografía nacional como la ciudad de Ho Chi Minh. Vietnam le dice el mundo qué ideología venció.
Pero la ciudad en sí tiene poco que ofrecer al turismo. Es en realidad un cúmulo de tienditas fashion, ríos de motocicletas y cables de luz enredados en los postes. Aunque hay hoteles para los visitantes más exclusivos el área de backpackers es una típica calle de cuartos amontonados entre souvenirs y restaurantes.
Lo más interesante son las galerías de arte y las tiendas locales que están en la zona de los hoteles caros. Eso sí, la comida es deliciosa - y en cada esquina o puestito más-
Lo mejor de Vietnam es sin lugar a dudas su comida.
¡Cam On Viet Nam! (“Gracias Vietnam”)
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