Este es un gran, inmenso lago dentro de Camboya. Es el más importante también y el río que lo nutre se une (como casi toda al agua de este pedacito de tierra) con el gran Mekong.
El Mekong desciende desde la cordillera del Himalaya, primero como nieve que envuelve las cimas de las abuelas montañas y luego como agüita que va convirtiéndose en cálida a medida que avanza hacia la mar. Pasa por China, Myanmar –Birmania-, Tailandia, Laos, Camboya y se abre en Vietnam, donde se funde con los océanos.
Así el Tonlé Sap da de beber y sostiene la vida en Camboya. Todos, de alguna u otra forma, encuentran el sustento aquí. Y sobre el Tonlé Sap navegamos hacia Angkor Wat, el conjunto de templos más importante de Camboya y del Sureste Asiático.
El recorrido duró unas cuatro horas, a bordo de un barco grande, de madera y lleno de turistas. Hacerlo nos costó uno 15 dólares por persona, lo cual es caro para los precios de la región, sin embargo, vivirlo lo amerita.
La vida de quienes se han establecido a sus alrededores o sobre él, es (aunque bendecida por el agua) dura. La pesca sólo arroja pequeños peces; los grandes, hace mucho que no nadan estas aguas. Sin importar cuánto sea, la gente igual lo agradece y lo usa. Aquí la vida da esto o nada y la gente valora lo poco.
Las aguas del río se han tornado oscuras, aunque ya en el lago se van aclarando y su inmensidad lo hace parecer el mar. Hay todavía algunas aves nativas que habitan los humedales como ciertas especies de garzas y al desembarcar, comienza a verse el monstruo turístico de este país: Siem Reap ¡Allá Vamos!
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