Quizás lo más maravilloso de Angkor es que cada día te encuentras con una sorpresa nueva. No tiene nada que ver con lo que conoces en términos mexicanos. Aquí, se fue construyendo una inmensa ciudad al paso del los años y de los reyes que fueron heredando (o usurpando) el trono.
Aquí no encontrarás una única ciudad con determinados fines, por ejemplo, un adoratorio, un panteón o un lugar de esparcimiento. Aquí hay edificios que fungían como crematorios, como tumbas, como fortaleces, como palacios… Todo lo que requería una gran civilización. Todo estaba aquí, en la misma gran capital de este Imperio.
Cada monarca construyó según sus necesidades y sus creencias. Por ello, algunos templos son budistas y otros hinduistas. Hubo quienes hicieron mansiones, otros, erigieron murallas para protegerse de los enemigos (principalmente de los siameses, que hoy llamamos tailandeses) Así Angkor se puede recorrer mientras caminas a través del tiempo y de la historia de quienes lo levantaron.
Aún cuando cada Rey/Dios construía según su propia fe, la religión de los antecesores se mantenía plasmada en otros templos. Es por eso que hoy se nota un sincretismo entre hinduismo y budismo en muchas de las construcciones.
Algunos de los elementos grabados sobre las piedras (interesantes para apreciar) son:
· Fuego, generalmente aparece en las entradas de las puertas y simboliza una purificación al peregrino que visita el templo.
· Flores de loto, representan la pureza.
· Budas
· Apsaras, bailarinas de los Dioses-Reyes (los monarcas eran considerados mitad humanos, mitad Dioses)
· Nagas, serpientes de cinco cabezas, construyen puentes de arcoíris hacia los Dioses.
· Garuda, águila y serpiente; seres alados que portan una espada.
Muchos de estos relieves han sido ya arrancados de sus lugares originales a causa del tráfico de arte (auspiciado en un inicio por Europa, en especial por los franceses quienes conquistaron estas tierras y ayudados por Tailandia, por donde eran sacadas estas piezas) Estos grabados nos muestran la vida cotidiana del pueblo, las guerras, el trabajo en el campo, elefantes, mujeres… vida y muerte.
Angkor es considerado el complejo religioso más grande del mundo y se extiende por kilómetros y kilómetros a la redonda, fue construido por las órdenes de varios dirigentes y el trabajo arduo de miles de esclavos y elefantes.
Al verlos, no pude más que recordar cuán humanos somos todos (incluidos esos supuestos reyes no tan humanos) Sobre sus muros se plasma esa dualidad mundana y celestial; esa devoción a nuestros dioses y esa soberbia hacia nosotros mismos; el ego, el viejo amigo ego que construye lo imposible para demostrarse a sí mismo su grandeza y aquél otro lado humilde que alaba y busca halagar al Creador.
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