Esta es la campaña que ha lanzado el gobierno, con ella intenta incentivar al turismo para quedarse más tiempo en el país ¿Has oído hablar de los templos de Angkor? Bueno, pues otros millones de personas como tú, también. Esto genera que la derrama económica sólo se concentre en los templos y su ciudad cercana, Siem Reap.
Camboya ha sufrido de muchas situaciones difíciles. Muy difíciles. Y ello la ha dejado devastada.
En 1975 el Khmer Rojo tomó el control del país. Camboya estaba bajo una dictadura militar que culminó este día con la entrada de la agrupación. El discurso era fundar una democracia (¿dónde he oído esa historietita?)
Bajo la apariencia de una República Popular con ideales maoístas se consolidó en la práctica un sistema de gobierno totalitario, radical y agrario. Se evacuaron ciudades y se destruyeron las culturas urbanas –consideradas burguesas-. Se pretendió reconstruir desde los orígenes y recuperar la cultura Khmer ancestral.
El pequeñísimo problema es que esta “limpia” terminó con la vida de unas dos millones de personas (cifra “oficial”) reduciendo a la población considerablemente. Cualquiera con nexos en el extranjero, moría. Cualquiera que supiera algo más de lo que debía saber un campesino, moría. Cualquiera que leyera o escribiera, moría.
Hubo campos de concentración, cárceles. Los que no murieron ejecutados o torturados, murieron de hambre. El Khmer Rojo mató además a elefantes, delfines, árboles. Bueno, devastó hasta templos antiguos. Sembró minas en las tierras fronterizas para evitar que la gente se escapara a los países vecinos (muchas de ellas siguen hoy bajo tierra)
Los que lograron huir vivieron en campos de refugiados (con todo lo que eso significa) ¿Y la monarquía? ¡Ah! Ellos vivían tranquilos en su mansión de Europa.
El supuesto ideal terminó en pesadilla. En 1979, los vietnamitas entraron a Camboya y derrotaron al Khmer Rojo. Hoy, las cárceles y campos son atractivos turísticos.
Sólo duró cuatro años, pero duele hasta el día de hoy, treinta años después. “no ha terminado”, nos dijo Robert al tocar el tema.
Entre la devastación de gente, cultura, industria, flora y fauna, Camboya se vuelve el hogar de gente hermosa, inocente, esperanzada y ya sin miedo. Pero un destino sin mucho que ofrecer (excepto, claro, los maravillosos Templos de Angkor)
Países como China han aprovechado la extrema necesidad de esta nación y de manera legal (o no) extraen de Camboya toneladas y toneladas de madera. Cuando lees en los periódicos que un número equis de hectáreas se pierde anualmente a causa de la tala inmoderada jamás te imaginas cómo se ve. Camboya te lo deja ver.
Por eso el gobierno de hoy hace tanto hincapié en que te quedes un poco más. Nosotros lo hicimos, quisimos descubrir a esta gente, su cultura, su vida y no hallamos mucho.
Queda poco, al menos, así nos tocó a nosotros. Pero siempre hay un lugar escondido y mágico que vale todo el polvoriento camino por recorrer.
http://www.stayanotherdaycambodia.com/
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