viernes, 11 de marzo de 2011

Arrozales y montañas

En tren llegamos a Lao Cai, al norte de Hanoi, de ahí una pequeña van nos llevó a Bac Ha un pueblo de pocos habitantes y muchas etnias que bajan hasta él para comprar sus víveres. La más predominante es la Hmong Flor, que hace honor a su nombre al portar uno de los trajes más vívidos de la región.

El pueblo permanecía dormido pero desde él se miraban las montañas y las terrazas de arroz que delinean sus laderas. Los niños iban a la escuela y jugaban con el lodo y las plantas; otros más vendían los productos que cazan o recolectan en los bosques.

Cada que los miro comprar, me imagino a sus ancestros, puedo ver a todos aquellos que han intercambiado arroz, frijol, maíz y puedo ver sus formas de pago, sus negociaciones… que son quizás similares a las de hoy.

El mayor de los mercados indígenas es uno lejano, a una hora del pueblo, se instala cada martes en un lugar llamado Coc Ly. Aquí confluyen grupos indígenas de las montañas e intercambian sus productos, ellos venden sus propias artesanías o compran sus ropas. El mercado también ofrece ropa china, comida, verduras y productos de limpieza.

En una montaña al lado se encuentra el mercado de búfalos, es aquí donde hombres y mujeres toman la decisión del animal que llevarán a casa. Al terminar la transacción se les ve llevar al nuevo habitante colina arriba; cuando llegue el momento, les ayudará a cultivar sus terrazas de arroz.

Son las mujeres las que conservan el uso del traje típico, hay color en todo lo que llevan puesto. Es una mezcla infinita de texturas, bordados y tipos de telas; aún al cerrar los ojos, las tonalidades te palpitan en la imaginación.

Ellas se reúnen para tomar vino de arroz, mientras los hombres comparten el tabaco con la pipa de bambú.

A lo lejos se ven tres niñas compartiendo un plato de noodles y una madre que amamanta a su pequeño. El maíz que aquí ofrecen es de un amarillo encendido y su consumo es más para los animales que para la gente.

El agua desborda los cultivos de arroz, que parecen estanques en vez de campos y la gente vive entre los montes y los fangos. Por un gran río pasan las barquitas que conectan estos pueblos con otros destinos. Mientras, la tierra naranja en forma de lodo lo abraza todo.

(aunque no lo parezca, esta es la temporada de sequías)

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