sábado, 12 de marzo de 2011

El dragón que desciende

La bahía de Ha Long se halla plagada de rocas. Rocas que sobresalen del mar, islas y barcos con velas.

Hay pueblos flotantes e incluso flota también un templo y una escuela. La gente aquí vive directamente del océano, venden lo que producen sus granjas acuáticas: algas, perlas o peces.

Este archipiélago es parte de una reserva de la biósfera pues aquí se encuentra una gran cantidad de plantas y animales. En general se ven pocos animales, quizás sea por la guerra o porque, como dijo un amigo, “aquí se comen todo”, lo cierto es que en estas islas tuvimos la fortuna de ver volar varias águilas.

Según la leyenda el dragón bajó hasta aquí para esconderse, pero se alcanza a ver su espalda y por ello las rocas se asoman de esa manera. Cuentan también que las libélulas fueron los seres enviados por los dioses como regalo a los lugareños.

Y entre las rocas, cavernas o riscos la gente navega en sus barquitas tejidas con bambú. Algunas tienen vela, otras se mueven a fuerza de los remos. En esta agua todos flotan… ya sea para transportarse, para hacer excursiones y hasta para vivir.

El agua sigue siendo la madre, la que lo envuelve todo, la mayor fuerza y el mejor alimento, la vida. Así son sus días, siempre entre el agua, sobre ella, dentro de ella. Ríos, cascadas, mares, lluvia; el agua siempre en la siembra, en la pesca y en la cosecha.

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