Si tuviera que transcribirles las palabras de estación que me he encontrado desde mi salida de Hong Kong sufriríamos la desesperación que se puede vivir cuando dos idiomas absolutamente opuestos se enfrentan.
Así nos sentimos desde el momento que dejamos atrás el "occidentalismo oriental" de Hong Kong y nos adentramos a la China rural. Se terminó el inglés y comenzó un grupo de caracteres que reflejan otro mundo, otro pensamiento, otro... todo. En nuestra mente es imposible entender sus símbolos y menos pronunciarlos.
Sin embargo, al ser este un idioma tan antiguo tiene rasgos que casi podría llamar rupestres. Por ejemplo: su construcción es muy "básica" (ja) casi siempre usan el verbo sin conjugación -Yo dormir-; si el verbo tiene un tiempo en el que ocurre, simplemente lo añaden después -Yo dormir mañana-. Tren es algo como "coche fuego" y computadora "cerebro máquina". Su alfabeto es más bien simbólico lo que significa que transmite ideas, es como un dibujito, como en las antiguas cuevas hacían nuestros antepasados: plasmaban con imágenes lo que querían comunicar.
Además es físicamente muy hermoso, no sólo para escribir hombre existe un carácter que asemeja la figura de un humano o el fuego la de una hoguera, sino que son signos que han sido estilizados al paso de los años.
Yo no tengo otro idioma que el que me fue dado en la esencia de mi ser (que no el de mi cultura) para entenderlos... Me basta con leer sus miradas curiosas, las arrugas de sus manos, el color de su piel o el sonido de sus emociones para dejar de verlos tan distintos y sentirlos tan iguales, tan cercanos, tan humanos.
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