jueves, 16 de diciembre de 2010

Más palitos chinos

La comida maravillosa no podía faltar en Yangshuo. Antes de conocer China yo aseguraba que la comida era horrible. Una vez que probé la verdadera todo cambió.

Entre noodles deliciosos servidos para el pueblo ($6 m/n el plato) que tenían una zanahoria blanca y acidita, como en escabeche… hasta un sartén entero de pato con castañas acompañado de arroz blanco y té.

O un pescado (recién muerto) a la cerveza, caracoles de río con sabor a tierra húmeda, camarones súper crujientes que se comen completos y una maravillosa berenjena rellena de verduras y especias que, me disculparán los italianos, deja muy atrás a las famosa versión parmesana que ellos tienen.

La panadería del pueblo ofrecía un pan que puedo asegurar es el más delicioso que me he comido (después del pan de muerto y la rosca de reyes) Relleno de coco, de una suavidad total y una consistencia tan sutil que casi se deshacía en la boca. Tenía aceite de coco por todas partes y eso lo hacía muy resbalosito…. ¡Uf!

Y después de tanto placer a empacar de nuevo pues el camino hacia Viet Nam ya venía retrasado. Otras muchas horas nos esperaban en el camión hacia Nanning, ciudad de mucho tránsito por el cruce con el país al Sur, el mítico país de una selva imponente y poderosa.

1 comentario:

  1. Siempre he dicho que la verdadera comida de un lugar está en las calles. Qué rico leer comida, imaginar comida y percibir imaginariamente el olor. Gracias por compartir, por mostrarnos lo que aprendes, el conocimiento es invaluable.

    Un saludo.

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